Wednesday, 21 January 2015

Clean Slate

Hola, me llamo Júlia y soy profesora.

¡Hoooola Júuuulia!

Todo empezó hace unos siete años, cuando me encontraba perdida entre artículos de Sinfield y manuales de fonética, perdiendo mechones de pelo y acordándome de los muertos de todos aquellos que me habían insistido para que me apuntara a Filología Inglesa.

Un consejo para todos aquellos que os plantéeis esa carrera: huid. Sin  mirar atrás. Más que nada porque la cosa ya está mal, y así me ahorro la competencia. Guiño guiño.

No, coñas a parte... ¿Qué iba a hacer con mi vida? No hay trabajo de 'filóloga', así que te queda la docencia o el sector editorial. Sinceramente, no sabía cómo entrar en este último así que me apunté al carro de los 'wannabe' teachers. Con mucho asco, porque ya sabéis que la gente es jodidamente entusiasta cuando es joven, y tanta compañera con voz de pito encantada de trabajar con niños me sulfuraba profunda y cáusticamente. Después de la carrera, me tocó pagar 2600 euros para un máster que prefiero no recordar... Todo en lo que podía pensar durante aquél curso era en qué coño hacía yo allí, en lo mucho que se había gastado mi familia para que yo estuviera allí y en porqué el número de personas delante de la máquina del café es inversamente proporcional a los minutos que te quedan antes de empezar la clase. En fin... Durante el período de prácticas seguía sin estar segura de cuál era mi función en toda esa vorágine de notas, reuniones, power points y adolescentes apestando a mandarina. Hasta que repartí esas estúpidas redacciones sobre el futuro que mi grupo de segundo de ESO había escrito, una mierda de tema, la verdad.

No recuerdo cómo se llamaba. ¿Claudia? ¿Anna? No sé. Era tímida y le costaba el inglés. Lo único que recuerdo es la manera como abrió los ojos cuando vio el 9 en rojo, me miró por encima de sus gafas de pasta y sonrió, enseñando unos brackets con gomitas de colores. Y ahí lo supe: no podía tirar para atrás.

¡Mierda, iba a ser teacher! A currar durante horas que no entran en contrato, a corregir exámenes hasta las tantas de la madrugada, a lidiar con adolescentes hormonales que te escupen en clase y luego lloran cuando te vas... No sabía cómo, no sabía dónde, pero supe que eso era lo que quería hacer durante el resto de mi vida. No es sólo enseñar inglés, el idioma es simplemente el vehículo. Es todo lo que acompaña el proceso de adquisición de la lengua. Es el contacto con ellos, el rifi-rafe constante, la negociación contínua. Las broncas, los morros, los deberes... Todo eso no significa nada una vez llega el momento en que puedes volver a ver esa sonrisa con gomas de colores.

2 comments:

  1. No hace ni dos años, esta joven comentaba con desprecio el incordio de los niños y, ahora, por "arte de magia" me encuentro con este blog. Un blog dedicado a lo que ella nunca seria, pero yo lo sabía y sigo sabiéndolo She's a teacher, a really good teacher. Ella me ayudó en mi reading con sus escritos y en mi speaking con sus tonterias...
    I'm proud of you :)

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